¿Seguro que todos somos Barcelona?

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Fernando López ||

Con el estreno de la nueva temporada periodística, tenía en mente comenzar una sección de opinión en este humilde medio, cosa que estoy haciendo. Lo que no tenía en mente era hablar en la primera de todas de los atentados de Barcelona. La primera, en la frente. Veo necesario reflexionar por escrito, más que nada para aclarar un poco también mis ideas.
Son muchos los calificativos que se le hacen al asesesino Younes Abouyaaqoub. La verdad es que se merece toda la cantidad de negatividades, de acusaciones y de despropósitos. Todos, salvo uno: moro. Hace mucho tiempo que la raza, la religión y el cambio de sexo dejaron de ser una discriminación, pero este tipo de casos hacen que saquemos la vena más arcaica de nuestros pensamientos.
A lo que alcanza este periódico, estoy 100% seguro que nadie de nuestros lectores tiene -ni tendrá- toda la información posible sobre lo que se cuece en los altos mandos del Estado y en las altas esferas de estas células terroristas. Es muy fácil hablar de los moros, la venta de armas y de acusar de manera gratuita.
Todos esos comentarios me hacen ver una sociedad con mucho trabajo por delante, donde todavía tiene que curarse muchos conceptos que se creen como superados. En este país se dio ejemplo de cómo superar al terrorismo desde un ala pacífica, algo que con la llegada de las nuevas generaciones -llanas y políticas- parece quedar olvidado.
Nadie tiene miedo, todos aseguran saber vencer al terrorismo, aunque las formas no parecen ser las más adecuadas. En Barcelona, taxistas de religión musulmana prestaron sus servicios de manera gratuita, los hosteleros refugiaron a afectados en sus negocios. Ellos que estaban en el meollo. A nadie se le pasó por la cabeza ir contra nadie, simplemente vivir. Vivir en Paz. ¿Seguro que todos somos Barcelona?