El Toro de Riaza


Una de las piezas artísticas más antiguas halladas en nuestro municipio y, sin duda, una de las más destacadas por su belleza, estado de conservación y dimensiones, es el conocido como ‘Toro de Riaza’, una espectacular escultura hallada de manera casual en 1973 en el llamado ‘Pago de Riaza’, una finca situada cerca de la aldea carloteña de El Rinconcillo.
A pesar de su buen estado de conservación, la pieza está fragmentada en dos grandes bloques que han sido consolidados; además, presenta arañazos en la superficie y algunos desprendimientos.
Esta escultura zoomorfa ibérica se ha identificado con un toro. Esculpida en caliza de color blanco rosado y realizada con las técnicas de pulimentado e incisión, se conserva actualmente en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.
Aunque su función era posiblemente funeraria, se desconoce a qué necrópolis o poblado pudo ir asociada, ya que no existe ningún asentamiento ibérico en los alrededores que cuadre cronológicamente con la escultura. Sin embargo, todo apunta a que el toro debe ser encuadrado dentro del periodo Ibérico Antiguo (s. VI-V a.C.) o el Ibérico Pleno (s.V-III a.C.), pero no del Ibérico Tardío (a partir del 200 a. C.).
Se trata de una escultura yacente y exenta, es decir, de bulto redondo, recostada sobre una amplia base y rematada con un pequeño pedestal o plinto.
La cabeza del toro es la parte más destacada y más trabajada de la pieza. En ella los principales rasgos se encuentran dibujados mediante incisiones, como los grandes ojos de forma almendrada; además, en la parte superior de la cabeza, unas líneas paralelas en zig-zag simulan el pelaje del animal; en el rostro, formado por un hocico alargado, una línea recta incisa representa la boca cerrada; y unas líneas semicirculares hacen lo propio con los orificios de las fosas nasales. Asimismo, el tratamiento del cuello es bastante minucioso, pues diversas incisiones en forma de líneas paralelas horizontales simulan los pliegues de la piel de la papada.
Por otra parte, a la altura de donde se localizarían las orejas aparecen dos pares de orificios en los que supuestamente irían encajados los cuernos postizos y las orejas; su falta de conservación se debe, con toda probabilidad, al hecho de que este tipo de piezas solían estar fabricadas en metal y otros materiales.
En la anatomía del animal representado destaca tan solo la musculatura de las extremidades. Las anteriores se encuentran flexionadas hacia la parte posterior, y sobre ellas descansa el cuerpo; mientras que las posteriores se encuentran flexionadas y dispuestas hacia el frente, su parte inferior es más fina, y están rematadas por unas pezuñas. Asimismo, la parte trasera de la escultura presenta una cola dispuesta entre las ancas que deja ver los genitales representados.
Las dimensiones del toro de Riaza son considerables: una altura de 77,50 cm, una longitud de 111 cm y un grosor de 45 cm.